
La siguiente es una entrevista publicada en el diario ESTO el 12 de febrero del 2007.
Una pequeña biografía de la famosa vedette mexicana Lyn May. Una vida digna de cualquiera de sus películas... todo un personaje.
Lyn May, la jovencita que mostró su cuerpo
Acapulco vio nacer a Lilia Mendiola de Chi. En sus playas la pequeña de 6 años ofrecía collares, aceite de coco, tamarindos y todos esos productos que los turistas suelen llevarse a casa como un recuerdo de su visita al puerto.
La niña no iba a la escuela porque tenía que ayudar a sus padres en el gasto familiar. Sin embargo, Lilia buscaba la forma de aprender a leer. Pero esa situación tan raquítica en la que vivía y la falta de educación la llevaron a que a los catorce años se fugara con el novio, una relación de la que nacieron dos pequeñas.
Abandonada por su pareja, Lilia decide trabajar de bailarina a go-go en el Foro de Acapulco, donde no tardó tanto en llegar alguien que le cambiaría su futuro.
"Ahí conocí a un periodista que al verme bailar me trajo a la capital para presentarme a Raúl Velasco, quien inmediatamente me contrató por un año, y aunque me regañaba porque usaba ropa hasta los talones, pues quería que luciera sexy, fue lo que me ayudó para otros trabajos".
En charla, Lyn May, quien recibió a ESTO en su residencia, aseguró lo anterior y recordó que tras haber estado con el conductor televisivo y con escasos 17 años tuvo la oportunidad de ser parte del elenco que se presentaba en El Social, "cabaret de primera donde trabajaba Gloriella".
A ella le aprendí bastante, sobre todo porque me daba cuenta de que tenía dos trabajos, ya que después de terminar ahí se iba al Iris".
Lyn aseguró también que se animó a ir a ese teatro para pedir una oportunidad "pues necesitaba mucho dinero para mantener a mis hijas. Cuando el dueño me aceptó lo hizo pero con la condición de cambiarme el nombre. Así nació Lyn May".
Explicó que se puso a bailar, pero los hombres le gritaban de todo: "desde '¡mucha ropa!í hasta '¡pelos!, ¡pelos!í Cuando terminaba mi actuación me metía al camerino a llorar".
"La necesidad", como ella dice, la obligó a superar ese trance, sobre todo olvidarse del pudor y competir por ser la mejor entre 40 mujeres que se presentaban ahí, algunas de ellas en coordinación con el cómico "Harapos".
"Cuando tuve que hacer mi primer strip-tease, una chica me prestó un vestido lila y salí a la pasarela. Me encueraba y los hombres me gritaban que fuera al lado que estaba ellos, pero les gritaba que no porque me iban a agarrar, aunque, la verdad, me cuidaban mucho porque sabían que si lo hacían ya no bailaba. Algunos hasta me gritaban: "¡Ven para acá. Si alguien te toca le rompemos la madre!"
Acotó que fue muy difícil quitarse la ropa, aunque por otra parte reflexiona y manifiesta: "Quizá si me hubiera ido a un teatro familiar ya no trabajaría actualmente, sería ama de casa".
Al lugar donde permanecería hasta los 20 años se presentó el director de cine Alberto Isaac.
"Buscaba una chica para que fuera parte del elenco de 'Tívolií. En aquel entonces tuve muchos romances, todos con hombres demasiado poderosos que me regalaban pieles y carros, por decir de algunos. Así que cuando Alberto me eligió algunos se molestaron porque me querían de exclusiva, pero acepté porque fue hermoso que entre esas 40 mujeres, incluida Gloriella, el realizador me escogió a mi".
"Tívoli" le abrió las puertas a 100 películas más, "que para ser honesta no actuaba, pero bailaba muy bonito, sexy, no como ahora que se desnudan sin arte", amén del teatro.
"Margo Su me llamó para el Blanquita. Era muy hermoso porque había orquesta en vivo, no eran 'codosí como ahora. Hice Doña Inés, cuando Don Juan era 'Piporroí. Bailé con 'Resortesí, Dámaso Pérez Prado, pero un día se me ocurrió salir sin sostén y la señora Margo me regaño: -¡Esto no es burlesque. Aquí vienen familias a divertirse!".
Cuando pasó todo esto la llamaron al Capri. "Iban políticos, periodistas y muchos hombres con poder. Fue la época en la que trabajaba 20 horas diarias, pues tenía que aprovechar para ganar dinero. El problema de todo esto es que las revistas y periódicos me comenzaron a dar muchas portadas con fotos en las que salía casi sin ropa. Para ese entonces mis hijas ya estaban en el colegio y sus compañeros se burlaban de ellas, por lo que tuve que mandarlas a estudiar al extranjero".
Ahora había que tocar tema del llamado "cine de ficheras", pero Lyn May pide un segundo para atender una llamada telefónica.
ASEGURÓ LYN MAY
Se abusó del cine de ficheras
LYN May retoma la charla con ESTO luego de atender una llamada telefónica. Su vestido escotado, rojo, permite que en cada movimiento las líneas de su cuerpo se pronuncien y todo porque hasta la fecha la bailarina, actriz y cantante acude a las seis de la mañana a tomar clases de ballet, mientras que por las tardes el gimnasio es parte de su vida por cuatro horas diarias.
Toda vez que ocupa nuevamente el lugar del sofá de la sala se le cuestiona respecto del llamado cine de "ficheras" y si en verdad fue éste el que dio la estocada final al celuloide nacional cuando pululaban este tipos de comedias en los setenta.
"Éste era popular, lo hacíamos para el pueblo, pero la realidad es que el cine se acabó porque los productores pusieron muchas condiciones, además de que llegó una gran crisis económica que no permitió realizar cintas en otros géneros".
May recordó que Guillermo Calderón, quien estaba inmiscuido en el 90 por ciento de las películas de ficheras, así como otros productores, comentaban que ya no había dinero para llevarlas a cabo.
"Esto se reflejó cuando abusaron de dichas producciones, tanto así que en máximo dos semanas hacían una película. He ahí el porqué el producto era pésimo, sobre todo cuando sólo ponían a las muchachas desnudas y hablando groserías, pero sin lo esencial: historia".
Refirió que abusaron de ellas, "quemaron el genero, tanto así que las últimas cintas no las hice porque se convirtieron en baratas y corrientes, ya no existía un porqué, sólo era salir desnudas y con albures, una porquería".
En cuanto al cabaret, Lyn, quien tiene en su haber 7 matrimonios, subrayó que de lo que ella vivió a lo actual existe una gran diferencia.
"Para empezar ya no hay lugares donde llevar a cabo un verdadero show. Las chicas que trabajan en los table-dance salen a la pista una tras otra para bailar en un tubo. Antes existía una producción de entre 20 y 50 mil pesos, se gastaba en vestuario, ahora no, no hay show ni amor al trabajo, sólo es para sacar lana, el dueño lo que quiere es dinero, no hay amor al arte".
Sin embargo, apuntó que no culpa ni critica a quien labora en los tables dance. "Cada quién sabe lo que hace; quizás es por necesidad, como en su momento yo lo realicé, pero que le estudien más para que la gente asista con frecuencia a los lugares. En mi caso, sigo viva porque soy muy necia, pero, ¿cuántas de mis compañeras se retiraron; cuántas vedettes hay en la actualidad"?
En los 35 años de carrera, Lyn May ha conocido de todo, pero ¿de qué se arrepiente?
"De muchas cosas, pero que por supuesto no hablaré porque no quiero entrar en polémicas. Lo que sí puedo decir es que si la experiencia ya estuviera cuando se empieza no te envolverías en cosas que no van contigo. Escogerías tu trabajo y amistades y dar 'brincosí para subir. Lamentablemente hay que equivocarnos para aprender".
La vedette aprovechó el momento para hablar del periodismo de espectáculos.
"Ha cambiado bastante. Si uno se da en la madre para tomar clases y seguir vigente, ¿cómo es posible que ahora se le pregunte al actor, actriz o cantante con quién se acostó anoche en lugar referirse a su carrera? Es más, una chava que fue mi sirvienta hoy trae un micrófono y la veo de reportera, y nada más porque terminó la secundaria, conoció a los artistas en mi casa y con eso ya la hizo. Está metida en todos los programas en la televisión".
Para finalizar, May, quien es admiradora del club y los jugadores de las Chivas de Guadalajara, manifestó:
"En este sexenio no veo claro. Tenía confianza en ti (Felipe) Calderón, que 'el Presidente del empleoí pero no lo veo, sigue la pobreza. En el caso del espectáculo necesitamos lugares para trabajar, de ésos a los que las parejas puedan asistir para ver una verdadera producción".